viernes, 25 de noviembre de 2011

SE CREARÁ UNA COMISIÓN ESPECIAL PARA VIGILAR LA CONSTRUCCIÓN DE LAS NUEVAS IGLESIAS , INCLUYE EL CULTO DIVINO , MÚSICA Y CANTO LITÚRGICO

Una comisión vaticana para vigilar la construcción de las nuevas iglesias

 
California; la controvertida “Crystal Cathedral”
CALIFORNIA; LA CONTROVERTIDA “CRYSTAL CATHEDRAL”

Dentro de poco será creada al interior de la Congregación para el Culto. También se ocupará de la música y del canto para la liturgia


ANDREA TORNIELLI
CIUDAD DEL VATICANO

Un equipo para decir “alto” a las iglesias-garage, a esas arquitecturas atrevidas que corren el riesgo de desnaturalizar muchos modernos espacios de culto católicos. Y para promover un canto que ayude verdaderamente a la celebración de la misa. En las próximas semanas, será creada, al interior de la Congregación del Culto Divino la «Comisión para el arte y la música sacra para la liturgia». No se trata de una simple oficina, sino de un verdadero equipo que tendrá la tarea de colaborar con las comisiones encargadas de valorar los proyectos de las nuevas iglesias en las diócesis, así como de profundizar sobre el tema de la música y del canto que acompañan la celebración.



El cardenal Antonio Cañizares Llovera, Prefecto del culto Divino, de acuerdo con Benedicto XVI, considera este trabajo como «muy urgente». La realidad es evidente: en los últimos años, las iglesias han sido sustituidas por construcciones que parecen más salones multiuso que iglesias. Y muy a menudo, los arquitectos, incluso los más famosos, no parten de lo que es la liturgia católica para llevar a cabo sus proyectos y terminan haciendo construcciones de vanguardia que se parecen a todo menos a una iglesia. Cubos de cemento, cajas de vidrio, formas azarosas, espacios confusos en los que, una vez dentro, se percibe todo menos el sentido de lo sacro y del misterio , en donde el tabernáculo está medio escondido y, a veces, hay que buscarlo como si fuera un tesoro, o en donde las imágenes sacras casi no tienen lugar. La nueva comisión, cuyo reglamento será redactado en estos días, dará indicaciones precisas a las diócesis, ocupándose solo del arte para la liturgia, no del arte sacro en general, así como de la música y del canto para la liturgia. Contará con los poderes jurídicos de la Congregación del culto.


Como es sabido, el pasado 27 de septiembre, Benedicto XVI,  con el motu proprio “Quaerit semper”, había transferido a la Rota Romana (que es el tribunal de la Santa Sede) la competencia sobre dos materias de las que hasta entonces se ocupaba la Congregación para el culto. La primera de ellas tiene que ver con la nulidad de la ordenación sacerdotal que, como sucede para el matrimonio, puede anularse a causa de vicios de materia o de forma, de consenso o de intención, tanto por parte del obispo que ordena como del clérigo que es ordenado. La segunda materia es la dispensa en los casos de matrimonios contraídos pero no consumados. Prácticas que ocupaban bastante al dicasterio de Cañizares.


 En el motu proprio, el Papa explicaba que: «En las circunstancias actuales, ha parecido conveniente que la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos se dedique principalmente a dar nuevo impulso a la promoción de la Sagrada Liturgia en la Iglesia, según la renovación querida por el Concilio Vaticano II a partir de la Constitución Sacrosanctum Concilium».El dicasterio debe, pues, dedicarse «a dar nuevo impulso a la promoción de la Sagrada Liturgia en la Iglesia», sobre todo con el ejemplo. Desde este punto de vista, con respecto a los proyectos iniciales, parece irse alejando cada vez más la idea de una «reforma de la reforma» litúrgica (expresión que usó el mismo Ratzinger cuando era cardenal), y prevalece, en cambio, un proyecto de amplias dimensiones que, sin proponer la introducción de modificas en la misa, se ocupe de favorecer el “ars celebrandi” y la fidelidad a los dictámenes y a las instituciones del nuevo misal.

Vale la pena, de hecho, recordar que los abusos litúrgicos, que se han verificado en las últimas décadas y que, en cierto sentido, se han convertido en una práctica común,  se llevan a cabo en disonancia con las normas establecidas por la reforma litúrgica de Pablo VI. Así, no es la reforma lo que hay que retocar, sino que hay que profundizar y en algunos casos recuperar el significado de la liturgia bien celebrada. Por ello, la Congregación para el culto pretende promover un trabajo de formación desde abajo, que involucre a los sacerdotes, religiosos y catequistas. Siguiendo el ejemplo y el magisterio de Benedicto XVI, tendría que favorecer la recuperación del sentido de lo sagrado y del misterio en la liturgia.

 Algunos textos litúrgicos hay que revisarlos, porque están viejos, como el caso del ritual de la penitencia publicado en 1974: durante los años que siguieron llegaron una instrucción apostólica, un motu proprio, el nuevo C’odigo de Derecho Canónico y el nuevo Catecismo. Una actualización, en este y en otros casos, habrá que llevarla a cabo. La idea en la que estaba trabajando el cardenal Cañizares es la de reafirmar el primado de la gracia sobre la acción humana, de la necesidad de hacerle espacio a la acción de Dios en la liturgia con respecto al que se le da a la creatividad del hombre. Las ocasiones para reflexionar sobre estos temas serán muchas. El año próximo, 2012, se cumplen los 50 años del Concilio Vaticano II y el sucesivo se celebrarán los 50 años del primer texto conciliar aprobado: la constitución de la liturgia.Sacrosanctum Concilium.

fuente : Vatican Insider 


Aquí un interesante comentario anexo a la noticia vaticana sustraída de la pagina Vivicar :


Comentario. Todos he visto la arquitectura fea que supuestamente derivan de las reformas promulgadas por el Concilio Vaticano II. En Norteamérica, estas arquitecturas toman la forma de templos en forma de auditorios, teatros o cajones en donde la grey se pone inmediatamente a hablar en tono normal y chismear porque eso es lo que inspira el diseño. En la América Latina, por otro lado, se ha impuesto un estilo minimalista en polo contrario al barroco - que a mí no me gusta mucho tampoco pero que al menos todavía elevaba mi alma a Dios. Esos templos, en donde el Tabernáculo se desplaza a una esquina sin distinción del santuario y las imágenes son pocas, parecen más bien templos protestantes o salones del reino de la atalaya. Esto, supuestamente para no escandalizar mucho a nuestros hermanos separados o al menos, a aquellos que buscan convertir la simplicidad en simplismo para no escandalizar a los críticos por querer hacer de nuestros templos algo bello. Yo rezo y espero que esto sea lo que Congregación tenga en mente modificar, cambiar o suprimir en el ámbito de la arquitectura eclesiástica.

En lo que concierne a la música litúrgica y de los abusos, todos sabemos de lo que se trata. Se trata de esperpentos como aquel Disparate litúrgico en Caguas, Puerto Rico de dos pascuas atrás el cual he criticado ampliamente en estos folios. Elún pueblo cristiano que sabe discernir entre lo permitido y lo ilícito, entre las innovaciones de amateurs y la verdadera renovación posconciliar, en fin, entre lo que en verdad se atiene a la verdad católica y a lo que no, está cansado de presenciar estos espectáculos dignos de teatros y circos perpetrados en medio de nuestra liturgia. Nuestra misa, nuestra celebración litúrgica, es el acto de adoración más alto que el ser humano le ofrece a Dios, porque es el mismo Cristo, Dios y Hombre, en la persona del sacerdote y en la presencia de su Cuerpo que es la Iglesia, quien ofrece este culto. Este acto no puede ser objeto de la experimentación de unos pocos, ni ocasión de música popular o de cantos que no transmiten el evangelio según recibido por la Iglesia Católica. Las quejas contra este tipo de prácticas deben de haber llegado a una masa crítica, imposible de ignorar para las autoridades de la Santa Sede. Por eso han tomado cartas en este asunto.

Yo apoyo este nuevo esfuerzo de redirigir la reforma posconciliar dentro de canales que reflejen y transmitan auténticamente la doctrina católica y nuestro milenario espíritu litúrgico. Espero y rezo para que este verdadero espíritu de vida litúrgica reviva en nuestras parroquias y tome posesión de las almas de nuestros pastores y liturgistas. Amén. ¡Aleluya!


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sábado, 19 de noviembre de 2011

ATENCIÓN "CARISMÁTICOS" ...(SENTIMENTALISMO NO)

 
EMOCIONALISMOS , DESPRECIO DE LA DEVOCIÓN A LA CRUZ , LECTURA BÍBLICA AL AZAR , PROFECÍAS SOSPECHOSAS ETC, PONEN EN PELIGRO LA VERDADERA DOCTRINA CATÓLICA EN CIERTOS GRUPOS DADOS A GUSTOS POR     FENÓMENOS SEUDO-MÍSTICOS , CUYA RAÍZ ES PROTESTANTE Y SIEMPRE LO SERÁN AUN CUANDO ESTÉN DENTRO DE LA IGLESIA , LAS ALMAS QUE PARTICIPAN EN TALES DESACRALIZACIONES EXPONEN A PELIGRO DE PERDER AL FIN SUS ALMAS ANTE EL ENGAÑO BIEN PERPETRADO MALEFICIO MISTICO DE LOS DEMONIOS . LAMENTABLEMENTE ESTO ES EXHIBIDO CON PERMISIÓN LETÁRGICA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA EN  LOS ACONTECIMIENTOS LITÚRGICOS (MISA) QUE DAÑAN LA BELLEZA , NOBLEZA Y EXCELSITUD DE TODO ORDEN EN EL ARTE SACRO CATÓLICO. ESTA ENSEÑANZA DEL PAPA TAN PREOCUPADO POR ESTOS ASUNTOS RELIGIOSOS DETERIORADOS NOS DICE :

Viaje a Benin

El Papa rechaza la idea de «inculturación» y se opone al sentimentalismo en la liturgia
Las palabras de Benedicto XVI en el vuelo a Cotonou desvelaron también las razones de su profunda amistad con el cardenal Bernardin Gantin.
Actualizado 19 noviembre 2011


  
 


Este viernes, durante el vuelo de Roma a Cotonou, Benedicto XVI mantuvo el tradicional encuentro aéreo con los informadores que cubren su visita a Benin.



Una de las preguntas transmitidas al Papa por el padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, versó sobre el debilitamiento de las religiones tradicionales en África, simultánea al éxito de comunidades evangélicas o pentecostales, y sobre la actitud que debe mantener ante ellas la Iglesia, con la que son muy "agresivas".


Para el Papa, esas comunidades son un fenómeno mundial, con algunos elementos característicos: "Poca institucionalidad, poca instrucción, un mensaje fácil, simple, comprensible, aparentemente concreto, y una liturgia participativa con expresión de los propios sentimientos, de la propia cultura y también combinaciones sincretistas entre religiones".


"No debemos imitar a estas comunidades", afirmó el Papa sin ambages, "sino preguntarnos qué podemos hacer para dar nueva vitalidad a la Iglesia católica. Y diría que un primer punto es ciertamente un mensaje simple, profundo, comprensible. Es importante que el cristianismo no aparezca como un sistema difícil, uropeo, que otros no puedan comprender y realizar, sino com oun mensaje universal que es que Dios existe, que Dios está con nosotros, que Dios nos conoce y nos ama y que la religión concreta invita a la colaboración y la fraternidad".

También es importante, continuó Benedicto XVI, "que la liturgia sea participativa, pero no sentimental. No debe basarse sólo en la expresión de los sentimientos, sino caracterizarse por la presencia del misterio, una liturgia en la cual entramos, por la cual nos dejamos formar. Y diría también que en la inculturación es importante no perder la  universalidad. Preferiría hablar de interculturalidad, y no tanto de inculturación. Esto es, de un encuentro de las culturas en la común verdad de nuestro ser humano y nuestro tiempo, y así crecer también en la fraternidad universal. Y no perder esta gran cosa que es la catolicidad, que en todas las partes del mundo somos hermanos, somos una familia que se conoce y que colabora en espíritu de fraternidad".

El amigo Gantin

También durante el vuelo, el Papa Ratzinger desveló que conoció al cardenal Bernardin Gantin durante su consagración como obispo en Múnich en 1977, a la que acudió porque tenían un discípulo común. 

"Para mí fue magnífico encontrarme con este joven obispo africano lleno de fe, de alegría y de valentía", dijo el Papa: Luego colaboramos muchísimo, sobre todo cuando él era prefecto de la Congregación para los Obispos, y luego en el Sacro Colegio cardenalicio. Siempre admiré en él su inteligencia práctica y profunda, su sentido del discernimiento, de no caer en fraseologías sino de comprender qué era esencial y qué no tenía sentido. Y luego, su verdadero sentido del humor, muy bueno. Sobre todo era un hombre de profunda fe y oración. Todo esto convirtió al cardenal Gantin no sólo en un amigo, sino también en un ejemplo a seguir, un gran obispo africano, católico. Son verdaderamente feliz de poder ahora rezar sobre su tumba y sentir su proximidad y su gran fe, que lo convierte -siempre lo fue para mí- en un ejemplo y un amigo".

Tras la recepción por las autoridades civiles en el aeropuerto de Cotonou, el Papa se desplazó hasta la catedral de Nuestra Señora de la Misericordia y posteriormente se retiró a descansar antes de las intensas jornadas del sábado y el domingo.

Fuente : Religión en Libertad 

Reciban la Luz del Verdadero Espíritu Santo , Espíritu de Sabiduría y de la Madre Amable del Verbo de Dios 

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viernes, 7 de octubre de 2011

EFFRAENATAM - CONTRA EL ABORTO




Constitución Apostólica "Effraenatam" contra el aborto por Sixto V
Contra aquellos que procuran el aborto por cualquier modo o manera, o que propinan pócimas de esterilidad, o las toman, y los que les dan ayuda, consejo o consentimiento.
S I X T O    V    O B I S P O
S i e r v o  d e  l o s  S i e r v o s  d e  D i o s
Para perpetua memoria de la cosa.
D e s e n f r e n a d a, infame y degradante audacia y licencia de pecar contra el precepto de la ley divina de no matar de los perdidísimos hombres, hemos notado, ha sido frecuentemente reprimida con santísimas leyes y por varias Constituciones (Apostólicas); por lo tanto Nosotros que somos puestos por el Señor en el supremo trono de justicia estamos compelidos y obligados, por justísima razón aconsejados, a renovar en parte las antiguas leyes y en parte ampliarlas para reprimir a la atroz y brutal monstruosidad, con justo castigo, de aquellos que no tienen temor de cruelísimamente matar a fetos que todavía se esconden en las maternas entrañas. ¿Quién no abominará y detestará tan execrable fechoría por la cual ciertamente se pierden no solamente los cuerpos, pero lo que es más grave, las almas? (Los Papas creen en el limbo de los párvulos) ¿Quién no condenará a gravísimos suplicios la impiedad de aquél que excluye, una alma creada a la imagen de Dios, por la redención de la cual Nuestro Señor Jesucristo derramó su preciosísima Sangre y que es capaz de la Bienaventuranza eterna y que es destinada para el consorcio de los Ángeles, de la bienaventurada visión de Dios, y así ha impedido en cuanto podía a la reparación de las celestiales mansiones y moradas y ha quitado a Dios el servicio de su criatura? ¿y a quién ha privado de la vida a los hijos antes que ellos pudieran ver luz natural o cubrirse con la protección del cuerpo materno de la salvaje y bárbara crueldad? ¿Quién no aborrecerá la libidinosa y sanguinaria crueldad de los hombres impíos, o cruel libídine, que ha procedido hasta tal grado, que procuran venenos para extinguir dentro de las vísceras maternas a los fetos concebidos y derramarlos, afanándose con nefaria fechoría para que perezca su prole antes bien que viva, o si ya vivía matarla? ¿Quién finalmente no condenará a los gravísimos suplicios, penas y castigos las fechorías de aquellos que con venenos, pócimas, perniciosas medicinas (por ejemplo, usando a los abortivos anticonceptivos hormonales sintetizados de la dioscórea composita que crece en México) y perversas acciones (por ejemplo con salpingoclásia) introducen esterilidad en las mujeres para que no conciban ni alumbran?  A los maléficos (El Santo Padre equipara esta gente con los brujos y hechiceros), dice Señor a San Moisés, no sufrirás que vivan: porque se oponen contra la voluntad de Dios demasiado impúdicamente; los cuales, como dice San Jerónimo, mientras la naturaleza recibe semen, después de haber recibido lo fomenta y cuida, fomentado y hecho un cuerpo distingue en miembros, mientras tanto entre estrechez del vientre la mano de Dios siempre está obrando, y el mismo Creador del cuerpo es también del alma, y esta gente desprecia demasiado impíamente a la bondad del Alfarero, esto es del mismo Dios, quien plasmó el hombre y lo ha hecho y querido ya que esto mismo lo atestigua San Ambrosio: no es un pequeño y baladí don de Dios dar hijos propagadores del género humano.  Es un don Divino la fecundidad de la madre.  Por esta cruel fechoría al mismo tiempo los padres son privados de sus hijos que han engendrado; los hijos engendrados de la vida; las madres de los premios del matrimonio; la tierra de sus cultivadores; el mundo de aquéllos que lo conocerían; Iglesia del gozo de un número crecido y aumentado del pueblo devoto.  Por lo tanto no sin razón el Sexto Sínodo de Constantinopla ha decretado y sancionado que las personas que a sabiendas dan medicinas abortivas y las que reciben venenos que matan a los fetos son sujetas a las penas para los homicidas.  Además, por el vetusto Concilio de Lleida fue prevenido, dispuesto y decretado que aquéllos que se esforzaban y se atrevían a matar a los fetos concebidos del adulterio, o en los vientres de las madres hayan estrellado y deshecho con algunas pócimas, si


 después recurran arrepentidos a la bondad y mansedumbre de la Iglesia, deberían insistir durante el resto de su vida a la oración, llanto y humildad, y si fuesen Clérigos, son irregulares y no les es lícito recuperar el oficio del ministerio (hoy se dan dispensas de la irregularidad por la Santa Sede con larga penitencia) y son sometidos y afectados por todas las graves Penas de la ley Eclesiástica y profana los que maquinan criminalmente matar al niño en el útero de su madre o para que las mujeres no conciban o para que los fetos concebidos sean expulsados.

# .1. Nosotros, por lo tanto, después de haber reprimido la temeridad de aquellos que violan el derecho del matrimonio y presumen en cuanto pueden disolver el vinculo indisoluble o con algunos más torpes incestos no tienen vergüenza de mancharse (en Roma Papal había según la ley civil pena de muerte para reos de sodomía y bestialidad, cierta clase de incestuosos, cierta clase de alcahuetes que realmente violan vírgenes y cierta clase de adúlteros), queremos esforzarnos en cuanto el Señor Nos da fuerza para exterminar también estos males especialmente en nuestros tiempos: Todos y cualesquiera hombres y mujeres, de cualquier estado, grado, orden o condición, también Clérigos, seculares y de cualquier Orden religiosos, de cualquier dignidad y preeminencia Eclesiástica o mundana refulgentes y esclarecidos, por cuanto por si o por terceras personas interpuestas hayan cometido o procurado el aborto del feto o su expulsión con golpes, venenos, medicamentos, pócimas, pesas, labores (o con los ejercicios modernos) impuestos a las preñadas mujeres, o por otros desconocidos y muy rebuscados medios (verbigracia fecundación "in vitro", "clonación" y dispositivos intrauterinos), así que realmente sigue el aborto, y aún las mismas grávidas mujeres, que han hecho a sabiendas lo antedicho, incurren en las penas por el derecho divino y humano propuestas e infligidas por Sanciones Canónicas y Constituciones Apostólicas como también por el derecho civil contra verdaderos homicidas quienes realmente han perpetrado homicidio (asesinato) voluntario (los tenores de todas estas leyes tenemos por insertados y expresos a la letra en este Nuestro documento) y por esta Nuestra Constitución (Apostólica) válida a perpetuidad decretamos y ordenamos que sean extendidas antedichas penas, leyes y Constituciones a los casos susodichos. (N.B. que en los Estados Pontificios había pena de muerte y se aplicó por homicidio voluntario y todavía actualmente hay pena de muerte en el Estado de la Ciudad de Vaticano por el tratado de Letrán del año 1929).
# .2. A aquéllos que son Clérigos "ipso facto" privamos y decretamos inhábiles en el futuro, para recibir todo y cualquier Privilegio Clerical, Oficio, Dignidad y Beneficios Eclesiásticos que de tal modo vacantes, reservamos a la disposición de la Sede Apostólica a perpetuidad.  Así que los que hayan cometido este delito como los que hayan perpetrado homicidio voluntario según los decretos del Concilio Tridentino, aunque aquel crimen no fuese probado, por orden judicial, ni fuese por otra razón público, pero estuviera oculto, ellos no podrían de ningún modo ser promovidos a las Sagradas Ordenes o ministrar y servir en las recibidas, ni es lícito conferirles algún Beneficio Eclesiástico, aunque no tengan cura de almas, pero deben carecer a perpetuidad de todo Beneficio y Oficio (la Santa Sede puede conceder dispensa).
# .3. Aún los que no son Clérigos, y hayan perpetrado tales crímenes, decretamos y declaramos que no sólo incurren en las susodichas penas, sino que son inhábiles para recibir Ordenes y otros antedichos beneficios y cosas.
# .4. Queremos que aquéllos que son sujetos al foro Eclesiástico, y hayan sido descubiertos que han delinquido según lo antedicho, sean degradados y depuestos por un Juez Eclesiástico y entregados a la Curia y poder secular que les aplique el suplicio que es dispuesto contra laicos verdaderamente homicidas y asesinos por las leyes divinas y civiles.
# .5. Además decretamos las mismas penas para aquéllos que propinan pócimas y venenos (y anticonceptivos) de esterilidad para que sean impedimento de concebir fetos y para los que cuidan hacerlos y promoverlos (verbigracia dueños, empresarios y empleados directamente responsables de las empresas farmacéuticas) o de cualquier modo aconsejarlos y para las mismas mujeres que hayan tomado a sabiendas y espontáneamente tales pócimas (hoy sabemos que los anticonceptivos son por lo general abortivos).

# .6. Por lo tanto mandamos y ordenamos a todos y a cada uno de los Jueces ordinarios y delegados, Eclesiásticos y Seculares, a los cuales corresponde la legítima jurisdicción por razón del delito o personas a proceder contra reos de crímenes de tales causas criminales, sin embargo, entre ellos hay lugar para prevención, para que en estos delitos, que más de las veces son cometidos ocultamente, deben proceder no solamente por acusación y delación, sino también por inquisición y por sencilla denunciación ,y admitir testigos de otra manera "de jure" inhábiles, para probación de estos delitos, teniendo en cuenta por arbitrio de los mismos Jueces, de las personas, causas y sus cualidades, como también de cualquier que sea circunstancia, y que castigan finalmente a todos que hayan sido culpables como Nos hemos decretado y sancionado.
# .7. Además para proveer y precaver por la gravedad de este brutal, cruel, inhumano, terrible, feroz, horrible y monstruoso delito con penas y censuras espirituales para todos y cada una de las personas de cualquier estado, grado, Orden o condición, tanto laicos como Clérigos, Seculares y de cualquier Orden religiosa, también para mujeres, seglares o profesas en cualquier Orden religiosa, las cuales personas, como actores principales, o cómplices, a sabiendas hayan dado ayuda, consejo, favor, pócima, o hayan dado a sabiendas cualquier medicamento del género susodicho, aún escribiendo cartas privadas (hoy por teléfono, internet, televisión, radio o por sufragio), o dado recibos (verbigracia cheques de banco o tarjetas de crédito) o con palabras o señales hayan ayudado o aconsejado para cometer tal fechoría, además de las susodichas penas, declaramos que son "ipso facto" (latae sententiae) excomulgadas. (Actualmente según Canon #1398, son excomulgadas personas que cometen el aborto y sus cómplices, si realmente el aborto ha sido provocado.  Además, herejes que niegan el quinto mandamiento de no matar y las personas que niegan la infabilidad Papal en fe, costumbres y moral como ha sido definido por el Concilio Vaticano I son excomulgadas por el Canon #1364).
# .8 .....
# .9. Decretamos que para todo y cada uno de lo premiso y antedicho es anulada, y casada la facultad y autoridad de juzgar e interpretar de otro modo o manera a todos y cualquiera de los Jueces ordinarios o delegados, aún para los Auditores de las causas del Palacio Apostólico, y a Cardenales de la Santa Romana Iglesia, en cualquier causa o instancia, y se debe juzgar y sentenciar que es nulo, vano e inválido, cualquier atentado contra susodicho por cualquier autoridad a sabiendas o por ignorancia.
# .10...
# .11 ...
# .12. A ningún hombre es lícito infringir o con audacia temeraria oponerse a esta página de Nuestra aprobación, innovación, sanción, estatuto, derogación de las voluntades y decretos.  Si alguien presumiera hacer este atentado debe saber que incurría en la indignación de Dios Omnipotente y de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo.
Dado en Roma en el Monte Quirinal en el Año de Encarnación del Señor 1588, El 29 de Noviembre, IV año de Nuestro Pontificado.

Traducción por Pbro. Antonio Canuto Trimakas
P o s t d a t a Traducción de la Constitución Apostólica "Effraenatam" al español del original en latín tiene frases en latín y comentarios parentéticos. El 23 de julio de 2000.


Ave María Purísima, sin pecado concebida


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domingo, 10 de abril de 2011

Muerte espiritual del pecado amenaza con arruinar vida del hombre, advierte el Papa


VATICANO, 10 Abr. 11 / 08:40 am (ACI/EWTN Noticias)



Miles de fieles y peregrinos se dieron cita este mediodía (hora local) en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus con el Papa Benedicto XVI, quien señaló que el pecado genera la muerte espiritual que amenaza con arruinar la vida del hombre.
"La muerte representa para nosotros un muro que nos impide ver más allá; sin embargo nuestro corazón está volcado hacia el más allá, y si bien no podemos conocer lo que este esconde, lo pensamos, lo imaginamos, expresando con símbolos nuestro deseo de eternidad", dijo el Pontífice.

El Papa habló de la resurrección e hizo notar como la "aspiración ancestral del hombre por ser sepultado con sus padres es una anhelo de una 'patria' que lo acoja al final de las fatigas terrenas".

"Entre los cristianos, la fe en la resurrección y en la vida eterna se acompaña no raramente por tantas dudas, tanta confusión, porque se trata de una realidad que sobrepasa los límites de nuestra razón y exige un acto de fe".

Reflexionando sobre el Evangelio de hoy, el Santo Padre afirmó que "Cristo derrumba los muros de la muerte, en Él habita toda la plenitud de Dios, que es vida, vida eterna. Por esto la muerte no tiene poder alguno sobre Él; y la resurrección de Lázaro es el signo de su pleno dominio sobre la muerte física, que frente a Dios es como un sueño".

Benedicto XVI resaltó asimismo la existencia de otra muerte, que al mismo Cristo "costó una lucha aún más dura: la muerte espiritual, el pecado, que amenaza con arruinar la existencia de cada hombre. La resurrección de Cristo no es el regreso a la vida precedente, sino la apertura a una nueva realidad, una nueva tierra que está unida al Cielo de Dios".

En español, el Papa dijo que "en el Evangelio de este quinto domingo de Cuaresma, contemplamos a Jesús que devuelve a la vida a su amigo Lázaro, después de haber llorado su muerte".

"En estos días, y ante la proximidad del comienzo de la Semana Santa, pidamos a la Virgen María que nos ayude en nuestro camino de preparación espiritual, para que, a través de la oración, las obras de caridad y de penitencia cuaresmal, podamos participar con fruto en la Pascua de Aquel que es la resurrección y la vida. Feliz domingo", concluyó.

fuente : ACI-PRENSA
(Actualizado a las 09:01 a.m. GMT-5
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AQUÍ UNA EXPLICACIÓN DE LO QUE SIGNIFICA LA MUERTE ESPIRITUAL :


La angustia de la salvación católica

por Daniel Sapia

COMPARTIDO EN AMOR CRISTIANO
Introducción

La Iglesia Católica Romana enseña en su teología que cualquiera que muera en pecado mortal (pecado grave [1]) sin confesión y absolución, o al menos sin arrepentimiento sincero, sufrirá las penas eternas del Infierno (sin importan cuán devoto y obediente haya podido ser a lo largo de su vida).

«Morir en pecado mortal sin estar arrepentido ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de El para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra "infierno".» (Catecismo N° 1033) [2]

Para cualquier fiel que sea consciente de lo que la Iglesia define, la circunstancia no deja de ser angustiante, habida cuenta de la posibilidad de, tal vez, sufrir una muerte repentina y fulminante, que le impida en algún último segundo, al menos ensayar un arrepentimiento sincero de el/los pecado/s graves cometidos desde la última confesión (si la hubo).

Parados en este punto, alguien hasta tal vez suponga estar fuera de este riesgo al no acarrear en su vida pecados mortales o graves, como por ejemplo los consabidos "matar", "robar", "blasfemar contra Dios", etc. Para el Católico que así piense, en realidad no hay buenas noticias, ya que su misma Iglesia define muchos otros actos catalogados como "pecado mortal", incluso algunos hasta tal vez insospechados, como por ejemplo el faltar a Misa dominical sin una causa justificada. [3]

Por ende:

En base a lo determinado por la Jerarquía de la Iglesia Católica Romana podemos inferir que si usted (Católico/a) faltó a Misa el pasado Domingo sin causa justificada, y no confesó y fue absuelto de ese pecado grave (o de cualquier otro), o al menos no se arrepintió sinceramente de haberlo cometido, si muere en este preciso momento, de ordinario su destino eterno es el Infierno. Así de simple.

En Argentina existe una estadística oficial, publicada por el sitio católico Compartir, en donde afirma que el 85% de la población es Católica Romana, y que sólo el 6% acudiría a Misa dominical. Si la población de Argentina ronda los 40 millones de habitantes, nos permite inferir (conforme la teología católica y la estadística oficial) que si instantáneamente Argentina desapareciera por causa de un meteorito gigante, como mínimo (sin considerar otros pecados graves no absueltos) casi 32 millones de católicos se irían derecho al Infierno... (el 94% del 85% de 40 millones)

Evalúe entonces, conforme su Iglesia enseña, la dimensión del riesgo ETERNO que todo fiel católico permanentemente corre, ya que NADIE tiene la vida asegurada y que TODOS estamos propensos a sufrir EN CUALQUIER MOMENTO un accidente que nos cueste instantáneamente la vida (de tránsito, asalto, paro cardíaco, ataque cerebral, etc.)

Poseo un libro escrito por el presbítero Alonso Rodríguez, S.I de la Compañía de Jesus -Valladolid- (1526-1616), que lleva como título: "Ejercicio de Perfección y Virtudes Cristianas" (Editorial testimonio, Tercera edición, Madrid, 1995). Encuentro interesante, como poderoso resumen de lo que acabo de manifestar, citar un párrafo de dicho libro, en el capítulo sobre "Acto de Contrición". El presbítero Alonso Rodríguez dice (negritas agregadas):

-"..podrá acontecer muchas veces que por haber uno hecho este acto de contrición se salve, y si no le hubiera hecho, se condenara para siempre, por cogerle la muerte en pecado mortal. Por ende se verá cuánto importa acostumbrarse uno a hacer este acto de contrición a menudo de todo corazón. Y, a lo menos, ninguno debería dejarla de hacer cada noche, pues no sabe si amanecerá mañana..." (Parte 2da., Tratado 8, Acto de Contrición, pág. 1.192)

El sentido del párrafo, pues, es por demás claro. El riesgo permanente al que está sometido el católico es real, INCLUSO ENTRE RELIGIOSOS (tal la condición de los destinatarios del escrito de Alonso Rodríguez, como manifiesta el mismo autor en el Prólogo de la obra, pág. IX: "A los Religiosos de la Compañía de Jesús").

El "antídoto" propuesto por la Iglesia

¿Qué define de ordinario la Iglesia Católica para evitar este tremendo y permanente riesgo? Pues, define un procedimiento que (indirecta pero eficazmente) ata al fiel católico a depender de ella, al tener que acudir por sus servicios tan asiduamente como desee preservarse libre de la causa condenatoria (pecado mortal) que porta.
Para que todo/a Católico/a pueda “estar a resguardo” de este triste e indeseado final, es que la Iglesia manda practicar lo más frecuentemente posible la confesión de pecados ante un sacerdote ordenado [4], el cual actuando como juez [5], está autorizado a dar la absolución en el nombre de Dios, y de esta manera este fiel podría estar tranquilo por si es sorprendido por alguna desgracia (por lo menos, hasta el siguiente pecado grave cometido). De esta forma, la Iglesia no hace más que generar una férrea dependencia del fiel hacia el clero-Institución, entre el reo y el juez que lo puede absolver, quien poseería los medios para librarlo (al menos momentáneamente) del terrible e indeseado final que le aguarda...
De esta manera, la Iglesia tanto legisla sobre el riesgo de condenación eterna como sobre la manera de evitarlo, al recurrir a ella. Una excelente estrategia, a través del miedo, para generar, edificar y solidificar su poder temporal sobre la feligresía.
Lo que acabamos de describir, forzosamente resumido, es precisamente lo que la Iglesia Católica enseña respecto a la pérdida de la "Gracia Santificante" [6], enseñanza que todo fiel se encuentra inevitablemente obligado a creer. [7]

En definitiva: La Iglesia me impone la carga, diciendo que si muero en pecado mortal no absuelto voy al Infierno (por más fiel devoto que haya sido en mi vida). Pero también me ofrece "el antídoto" a la pena que reglamentó, el cual se hace efectivo a través de la visita recurrente a sus confesionarios. De esta forma, la Iglesia se asegura mi dependencia a ella...
Considérese el siguiente texto de fuente católica, escrito por Graciela Fernández Criado para la Revista Jesucristo-Vivo, tomado de un reconocido portal católico (resaltados agregados):
http://www.iglesia.org/articulos/conf_inf.php

Si no me confieso antes de morir, ¿me iré de cabeza al infierno?

Sabemos que el requisito fundamental para salvarse, cuando uno es adulto y pecador como la mayoría de nosotros, es morir en la gracia de Dios, que otorga la Reconciliación o Confesión. Sin embargo, existe una excepción, y es el caso en que la persona que está en pecado y, próxima a morir, no puede ser acudida por un sacerdote. Imaginemos por ejemplo un hecho tan luctuoso como terrible y reciente: el atentado en las Torres Gemelas de Nueva York. Allí, varios centenares de católicos murieron sin poder ser asistidos por un sacerdote. ¿Podría el Señor condenarlos por haber muerto sin confesarse? Ciertamente que no, como sucede con las personas que fallecen en un repentino y trágico accidente.

En tales circunstancias, la Iglesia promete que la Misericordia del Señor será infinita, para con las personas que con su último aliento clamen a Dios por el perdón de sus pecados. Si el individuo tiene un instante de lucidez antes de la muerte, y en ese instante se arrepiente de todo corazón por todos los pecados que ha cometido, y le pide a Dios el perdón, también se salvará.
No obstante, seguimos sin tener la seguridad de que antes de morir contaremos con esos segundos de lucidez y paz suficientes como para hacer un buen análisis de conciencia y el respectivo acto de contrición o arrepentimiento.
Una vez más, entonces, volvemos a la necesidad de vivir siempre en gracia de Dios, de recurrir a la confesión cuantas veces caigamos en pecado, y cumpliendo a cabalidad con todos los requisitos para que sea una confesión bien hecha.
Los méritos necesarios para ingresar directamente al Reino de los Cielos son muchos, debemos recordar lo que dijo Jesús: "muchos son los llamados pero pocos los escogidos" (Mt 22,14). Por lo tanto, deberemos esforzarnos por obtener un lugar allí, y abandonarnos humildemente en la gracia y misericordia de Dios.

Graciela Fernández Criado

Revista Jesucristo-Vivo

para www.iglesia.org


Pareciera que no existe alternativa. Las palabras de la Sra. Fernández Criado no dejan lugar a dudas: "recurrir a la confesión cuántas veces se caiga en pecado", lo cual tampoco es garantía absoluta DE NADA, pues la muerte nos podría alcanzar de camino al confesionario mismo...

Intentando soliviantar el riesgo

En su teología "filosófica", la Iglesia Católica define cuestiones que en la Biblia, aún en temas centrales e importantes, ni siquiera insinúa. Tal el caso, a modo de ejemplo, de lo que la Biblia denomina rendir culto [espiritual], pero que la filosofía católica, unilateralmente, sub-clasifica como "dulía" / "hiperdulía" / "latría" para disponer de un recurso a la hora de explicar que el culto espiritual a las imágenes o criaturas no es idolatría.
Algo similar sucede con la acción de pecar gravemente contra Dios, en donde también aparecen tipificaciones y condiciones. En este sentido, algunas personas argumentan que “se cae en pecado mortal sólo si es cometido cumpliendo ciertos requisitos”. Conforme al tema que tratamos, es evidente la intención de pretender amortiguar el número de personas efectivamente merecedoras de la universal pena, ya que, según estas personas, sólo recaería sobre quienes hayan pecado bajo esas “ciertas circunstancias”. ¿Cuáles son esas circunstancias?

Requisitos

...que define la Iglesia Católica para que el pecado cometido sea grave / mortal.

«Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: "Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento» (Catecismo 1857)
O explicado por un sacerdote, de manera más fácilmente comprensible:
El pecado es grave cuando se dan juntamente 3 cosas:

1) Que la materia sea gravemente mala (en sí o en sus circunstancias); o que yo crea que es grave aunque de suyo no lo sea.
2) Que al hacerlo yo sepa que es grave.
3) que yo quiera hacer aquello que sé que es grave.

1. Para que haya pecado grave deben darse las tres cosas al mismo tiempo. Si no, no hay pecado grave

Fuente: P. Jorge Loring (Catholic.net)

Un ejemplo común que reúne todas las características
Las condiciones enunciadas precedentemente son las que debe reunir una acción para que, según la misma Iglesia Católica define, pueda ser considerada "pecado mortal". Pues, conforme a esto, consideremos entonces un caso por demás posible...

«Es domingo por la mañana. El día amaneció apacible con un cielo celeste que invita a respirar profundo y dar gracias a Dios por la vida. La familia, como es costumbre, pronto se preparará para ir a Misa en la parroquia del barrio. Don Ricardo, dueño de casa, suele sumarse a cumplir con este compromiso. Para ese mediodía, luego de la Misa, han invitado a almorzar a la tía Gloria, cuñados y primos... No es frecuente la invitación, habida cuenta de lo incómodo que Don Ricardo se siente cuando la tía Gloria se pone a practicar lo que mejor sabe hacer: criticar a la familia... En ese momento Don Ricardo escucha la voz de su esposa, llamándolo desde adentro de la casa para que vaya a alistarse para salir hacia la parroquia. En el momento que atraviesa el jardín de entrada, y habiendo recordado el prometido almuerzo con la tía Gloria, nota con fastidio lo desarreglado que se encuentra el césped del jardín, tan crecido por las lluvias de la semana pasada. Todavía resuena en su memoria la última vez que la tía no se perdió la oportunidad de largar una indirecta respecto a la "prolijidad del jardinero de la casa de Ricardo...". No queriendo pasar vergüenza nuevamente, toma la decisión de no asistir a la Misa para dejar el césped del jardín en condiciones... Mientras la familia sale para la parroquia, Don Ricardo sale al jardín con la vieja cortadora de césped. El pasto aún permanece mojado a causa del rocío nocturno. Enchufa la cortadora, la lleva al césped, la enciende... y una inesperada y violenta descarga eléctrica lo sacude por unos instantes y lo lanza contra la pared. Don Ricardo muere instantáneamente.»

Si bien este relato es ficticio, en absoluto puede catalogarse como "descabellado" o imposible. Es más, se lo ve por demás probable, si se recrean las condiciones. Pues, Don Ricardo, católico por años, acaba de morir condenado al Infierno, pues su FALTA reúne las 3 características que la Iglesia Católica define como necesarias para considerar MORTAL o GRAVE a un pecado. Y además, Don Ricardo no tuvo siquiera tiempo de arrepentirse de él:
1. La materia es grave. Faltar a Misa sin causa verdaderamente justificada es un pecado grave (Catecismo 2181).
2. Don Ricardo sabía que debía asistir a Misa. Como católico la Iglesia lo obliga a ello [8] (Catecismo 2180). Sin embargo, y a pesar de su pleno conocimiento, decidió arreglar el jardín para no tener que aguantar a la tía Gloria.
3. A pesar del compromiso dominical al que sabe que está sujeto, conforme la Iglesia manda [8], prestó su pleno consentimiento a eludirlo para cortar el césped de su jardín. Bastó conformarse pensando que... -"hace 2 meses que no falto a una sola Misa. Tampoco necesito ser fanático..."

Conforme la teología de su Iglesia cree y enseña, y a causa de que no dispuso de los segundos necesarios para arrepentirse, Don Ricardo se fue al Infierno.
Actitud
Todo esto que acabamos de ver puede generar en el fiel Católico 2 actitudes: indiferencia o angustia. No podría existir una tercera, supuestamente de paz y confianza en lo decretado por la Iglesia, habida cuenta de la innegable realidad de que, como mencionamos, la muerte instantánea nos puede llegar cuando menos lo suponemos, incluso momentos antes de realizar la prolija confesión que, según la Iglesia, nos hubiera librado del estigma condenatorio...
Si como Católico/a su actitud es de indiferencia a lo que acaba de leer, su situación es más grave aún de lo que supone. Vaya uno a saber que cosas ha comprendido o qué cosas le han enseñado respecto al Plan de Dios y a la Buena Noticia (Evangelio) en el sacrificio redentor de Cristo. La Salvación eterna de su alma es un tema sumamente trascendente como para que lo deje "para después", o meramente librado en manos de sus "representantes religiosos" de turno. Reflexione ahora, mientras haya tiempo, ya que, como está profetizado, Dios no tendrá por inocente al culpable (Números 14:18, Nahum 1:3, Hechos 17:30-31)

Si como Católico/a, al leer este escrito usted no ha podido evitar sentir angustia, no desespere, pues la Biblia puede acercarle una palabra de tranquilidad: Dios no le ha dejado sólo/a.

¿Qué dice la Biblia?

La Palabra de Dios es clara al respecto. TODOS hemos caído de la gracia a causa del pecado. Como dijera el apóstol Pablo: "No hay justo ni aún uno" (Romanos 3:10-12) y "por cuanto TODOS pecaron y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23).

Ahora bien, estando en nuestra condición original de impíos, ¿cómo podemos recobrar nuestra perdida comunión espiritual con Dios? Es el mismo Pablo quien nos lo aclara en los versículos siguientes: "..siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención (cancelación-pago) que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley." (Romanos 3:24-28)

Querido/a amigo/a Católico/a, quien nos justifica ante Dios Padre no son nuestras obras, ni siquiera nuestras "confesiones de pecados". Quien nos justifica ante el Eterno Dios es el sacrificio redentor de Cristo, apropiado (hecho propio) para nuestra vida por medio de la Fe en Él. Si este paso de fe que hemos dado ha sido realmente honesto y sincero, y la regeneración espiritual en Cristo te ha convertido en NUEVA CRIATURA, hijo de Dios por Su gracia (Juan 1:11-13), a causa de un arrepentimiento sincero ante Dios y fe depositada en Cristo (Hechos 20:21-27), no existe NADA que pueda arrebatarte esa Justificación. Como Dios ha prometido, ya has sido "sellado con el Espíritu Santo de la promesa".
"En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria." (Efesios 1:13-14)

No existe NADA que pueda borrar el Sello puesto por Dios. Y esto también lo dice el apóstol Pablo a los Romanos:
"¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 8:31-39)
Amén y amén.

Por supuesto, esto no pretende significar que no debamos confesar nuestros pecados a Dios, con honesto arrepentimiento, y acudiendo al Trono de la Gracia por fortaleza para no volver a caer. Pero siempre confiados en que, si hemos pecado, abogado tenemos para con el Padre: Jesucristo (1 Juan 2:1).

Momento de decisión


Si has aceptado la enseñanza de la Iglesia Católica Romana, sabes que ya no podrás estar seguro/a de tu destino eterno, aunque te esfuerces por ser fielmente obediente a sus imposiciones y enseñanzas. SIEMPRE existirá la posibilidad de que, conforme al "método de salvación" que la Iglesia Católica enseña, te falten esos segundos de paz para confesar a Dios tus últimos pecados cometidos, requisito sin el cual tu/s pecado/s mortal/es permanecerán en tu vida (privándote de la necesaria Gracia Santificante), gracias a lo cual tu destino eterno quedará sellado: el Infierno.

Si has escuchado lo que Dios dice en Su Palabra, y has aceptado escoger la Salvación que Él ofrece por gracia, por medio de la Fe en Su amado Hijo Jesucristo (Efesios 2:8-9), entonces puedes estar seguro/a y vivir tranquilo/a respecto a tu morada eterna, actuando conforme a la regeneración espiritual obrada en tu corazón (Efesios 2:10), manifestado en la voluntad de crecer en santidad y obediencia cada día, en agradecimiento, alabanza y adoración hacia Aquél que pagó por ti, aunque Él nada debía, ofrendando Su propia vida. Sea Su nombre bendito por los siglos.

Anhelo que apliques al tema una reflexión objetiva.

El Evangelio de Dios te ha sido predicado, y ya no podrás presumir de Su ignorancia.

Dios te bendiga, ilumine y fortalezca, para que tomes el camino correcto.
En el amor de Cristo

Daniel Sapia

¿Quieres aceptar la Salvación que Dios te ofrece?
ACTUALIZADO AL 16-MAR-2005
Comentario crítico sobre este artículo por parte de fiel católico

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NOTAS:
[1] "31. ¿Por qué el pecado grave se llama mortal? El pecado grave se llama mortal porque separa de Dios haciendo perder la gracia santificante, que es la vida del alma." Tomado del portal católico ACIPRENSA.

«Algunos distinguen entre el pecado grave y el pecado mortal. Pero ha dicho el Papa Juan Pablo II: «el pecado grave se identifica prácticamente en la doctrina y en la acción pastoral de la Iglesia con el pecado mortal... La triple distinción de los pecados en veniales, graves y mortales, podría poner de relieve una gradación en los pecados graves. Pero queda siempre firme el principio de que la distinción esencial y decisiva está entre el pecado que destruye la caridad y el pecado que no mata la vida sobrenatural: entre la vida y la muerte no existe una vida intermedia..»

(JUAN PABLO II: Reconciliación y Penitencia, nº 17. Revista ECCLESIA, 2204 (5-I-85)29s) Jorge Loring

[2] "24. Más si alguno muere en pecado mortal sin penitencia, sin género de dudas es perpetuamente atormentado por los ardores del infierno" (Denzinger 457)
"Enseña la Iglesia Romana que las almas de aquellos que salen del mundo en pecado mortal o sólo con el pecado original, bajan inmediatamente al infierno, para ser, sin embargo, castigados con penas diferentes en lugares diferentes" (Denzinger 493a, 693)

«El pecado mortal se llama mortal porque es la muerte "espiritual " del alma ( separación de Dios ). Si estamos en un estado de gracia nos hace perder esta vida sobrenatural. Si morimos sin arrepentirnos, lo perdemos a Él por la eternidad. Sin embargo, si volvemos nuestro corazón a Él y recibimos el Sacramento de la Penitencia, nuestra amistad con Él queda restaurada. A los católicos no les está permitido recibir la Comunión si tienen pecados mortales sin confesar .» Tomado del portal católico EWTN

«Pecado mortal: separa a la persona de la amistad con Dios o intensifica el alejamiento que la persona ya tiene. Implica un pecado grave que se hace con suficiente conocimiento y libertad; la consecuencia es la perdida de la gracia santificante y la participación de la vida divina que Cristo nos mereció. Además pierde todos los méritos adquiridos por los actos buenos realizados anteriormente y deja de ser heredero del Reino. Morir así es enfrentarse con el juicio de Dios y con la separación eterna de Dios = Infierno.» Tomado del portal católico CORAZONES
[3] La obligación del Domingo "El mandamiento de la Iglesia determina y precisa la ley del Señor: "El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa" (CIC, can. 1247). "Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde" (CIC, can. 1248,1)" (Catecismo N° 2180)
"La eucaristía del Domingo fundamenta y ratifica toda la práctica cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en la eucaristía los días de precepto, a no ser que estén excusados por una razón seria (por ejemplo, enfermedad, el cuidado de niños pequeños) o dispensados por su pastor propio (cf CIC, can. 1245). Los que deliberadamente faltan a esta obligación cometen un pecado grave." (Catecismo N° 2181)

«¿POR QUE DEBEMOS PARTICIPAR EN LA SANTA MISA?


Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2177 - 2183
El tercer mandamiento, "Santificarás las fiestas", nos llamar a honrar a Dios con las obras de culto en los días festivos de precepto. Por tanto, no participar en la Misa por culpa propia constituye un pecado grave, un pecado mortal, y para obtener el perdón es necesario acercarse al sacramento de la Confesión.» Tomado del portal católico Agenzia Fides
[4] "El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda tras examinar cuidadosamente su conciencia." (Catecismo N° 1493)
«Sólo los sacerdotes que han recibido de la autoridad de la Iglesia la facultad de absolver pueden ordinariamente perdonar los pecados en nombre de Cristo.» (Catecismo N° 1495)
[5] "...Porque aunque sea la absolución del sacerdote comunicación de ajeno beneficio; sin embargo no es solo un mero ministerio o de anunciar el Evangelio, o de declarar que los pecados están perdonados; sino que es a manera de un acto judicial, en el que pronuncia el sacerdote la sentencia como juez.." (Concilio de Trento, Sesión XIV, Cap.VI)
[6] "El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana contra el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es eliminado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. Sin embargo, aunque podamos juzgar que un acto es en sí una falta grave, el juicio sobre las personas debemos confiarlo a la justicia y a la misericordia de Dios." (Catecismo 1861)
[7] "El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades que tienen con ellas un vínculo necesario." (Catecismo N° 88)
"Los fieles, conscientes de su propia responsabilidad, están obligados a seguir, por obediencia cristiana, todo aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, declaran como maestros de la fe o establecen como rectores de la Iglesia" (Código de Derecho Canónico 212:1)
"Los fieles, por su parte, tienen obligación de aceptar y adherirse con religiosa sumisión del espíritu al parecer de su Obispo, en materias de fe y de costumbres, cuando él lo expone en nombre de Cristo. Esta religiosa sumisión de voluntad y entendimiento de modo particular se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex cathedra.." (Concilio Vaticano II, Cap. III "Constitución Jerárquica de la Iglesia", N° 25 )
[8] El Papa recalcó que la misa del domingo "es obligatoria" (Clarín, 30/01/2004)

El Pontífice advirtió que en algunas comunidades la eucaristía perdió "el lugar que merecía". Y les pidió a los obispos que no dejen de recordarles a los creyentes que deben asistir a la Iglesia.

http://www.clarin.com/diario/2004/01/30/um/m-700267.htm

INDICE
Daniel Sapia - "Conoceréis la Verdad"
Apologética Cristiana - ® desde Junio 2000
http://www.conocereislaverdad.org/




lunes, 4 de abril de 2011

ZENIT - El Derecho Canónico y el aborto

ZENIT - El Derecho Canónico y el aborto

Votar por los políticos que están a favor del aborto es a todas luces un pecado

Votar por los políticos que están a favor del aborto es a todas luces un pecado.

Por el Padre Matthew Habiger
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¿Puede un católico consciente votar por un político que tiene un reconocido historial de apoyo al aborto? ¿Es pecado votar por un político que vota a menudo a favor del uso de fondos públicos para matar niños por nacer, o que promueve el aborto de alguna otra manera?



Mi posición es que a todas luces es pecado votar por un político así. Examinamos este asunto. Apelaré a los argumentos que se basan en la autoridad y citaré las consecuencias de dicho voto.



Todo católico debe saber que el aborto es un grave mal, y como tal, no debe ser apoyado jamás. En la "Declaración sobre el Aborto Procurado", (Cardenal Seper, Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fé, 1974), hay una sección sobre la "Moralidad y la ley" (No. 19-23). "El hombre no deberá jamás obedecer una ley que sea en sí misma inmoral y tal es el caso de una ley que admitiera en principio la legalidad del aborto. Tampoco deberá tomar parte en las campañas publicitarias que apoyen tal ley, o votar a favor de dicha ley. Más aún, no deberá colaborar en su aplicación. Es por ejemplo, inadmisible, que los doctores o enfermeras se vean obligados a colaborar estrechamente, teniendo que escoger entre la ley de Dios y su situación profesional".(22)



El Papa Juan Pablo II en Evangelium Vitae afirma: "Declaro que el aborto directo, esto es, el aborto voluntario empleado como un fin o un medio, siempre constituirá un grave desorden moral, puesto que es la muerte deliberada de un ser humano inocente. Ninguna circunstancia, propósito o ley de ninguna naturaleza podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsicamente ilícito, puesto que es contrario a la ley de Dios que está escrita en cada corazón humano, está dictada por la razón misma y proclamada por la Iglesia" (EV 62C).



"El Código de la Ley Canónica de 1917 castiga al aborto con la excomunión. La ley canónica ya revisada continúa su tradición al decretar que una persona que se practica el aborto, automáticamente (latae sententiae) incurre en la excomunión (Canon 1398). La excomunión afecta a todos aquellos que cometen este crimen conociendo el castigo que conlleva y, por tanto incluye a los cómplices sin cuya ayuda no habría podido ser cometido el crimen (Canon 1329).



"Con esta sanción, la Iglesia deja claro que el aborto es un crimen muy grave y peligroso, e incentiva a los que lo cometen a buscar sin tardanza, el camino de la conversión. En la Iglesia, el propósito de la excomunión es concientizar plenamente a una persona de la gravedad de un pecado especifico, y de promover una auténtica conversión y el arrepentimiento" (EV62B).



Se podría argumentar que el voto es una forma muy remota de cooperar con el aborto. Pero en realidad, ¿es tan remota? El legislador que vota a favor del aborto es obviamente un cómplice formal. Comparte tanto en la intención del acto, como en el apoyo material al acto. Si yo voto por dicho candidato, sabiendo muy bien que va a ayudar a proporcionar fondos públicos para el aborto o a continuar con el proceso de facilitarlo, entonces lo estaré ayudando.



Es un hecho que cuando los fondos comienzan a escasear para las clínicas de aborto, los que practican los abortos despiden a su personal, lo cual reduce el número de abortos. A diferencia del movimiento pro vida, la industria del aborto no recluta voluntarios desinteresados que están dispuestos a trabajar sin ganar ningún beneficio comercial. Si los presupuestos se reducen, el personal se reduce. Si el negocio del abortista no es rentable, éste lo cierra.



No es lógico pensar que, puesto que el candidato X ha tomado una posición adecuada sobre otros temas tales como la economía, las relaciones en el exterior, la defensa, etc., pero no se opone al aborto, se puede votar por él "en conciencia." El aborto tiene que ver con el primero y más esencial derecho humano, sin el cual no queda nada de qué hablar.



¿Es esta una manera muy estricta de pensar? ¿No es lo suficientemente matizada o no le hace justicia a las complejidades de la sociedad pluralista? Considérelo a la luz de otro aspecto. ¿Serían los votantes considerados y tolerantes con un político racista? ¿O constituiría ese defecto en el candidato razón suficiente para que fuera considerado indigno de un cargo público? ¿Por qué debemos ser intolerantes cuando se trata de racismo, pero no si se trata de la matanza de bebés por nacer? El aborto no es simplemente otro "tema", es un asunto de vida o muerte, el principal asunto de derechos humanos de nuestra época.



En su homilía en el Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción el 21 de enero de 1996, el Cardenal Bernard Law dijo:



"Los que estamos aquí hemos sido retados por las palabras del Santo Padre, quien nos pide que estemos conscientes de que nos encontramos ante un enorme e impresionante enfrentamiento entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la cultura de la muerte y la cultura de la vida. Nos encontramos no sólo ante este conflicto, sino en medio de él; todos lo compartimos y estamos involucrados en él. Todos tenemos la responsabilidad ineludible de escoger incondicionalmente la vida".

"Es a esto a lo que están llamados los católicos: a estar incondicionalmente a favor de la vida. No hay ambigüedad en las palabras del sucesor de Pedro. Ser católico significa ser incondicionalmente pro vida. Apoyar el aborto, propugnar el derecho a escoger el aborto, no puede ser considerada de ninguna manera una opción católica.



"Muchos de nosotros hemos escondido el Evangelio de la Vida debajo de la canasta de la comodidad es lo que respeta a la política. Qué escandaloso resulta ver cómo los votos católicos apoyan a aquellos que están en contra del Evangelio de la Vida. Es fácil criticar a los políticos católicos que están en contra de la vida. ¿No creen que necesitamos preocuparnos mucho más por el número cada vez mayor de votantes católicos que no desafían a estos políticos?



"Nuestra tarea en la fe está clara y es intimidante mis hermanos y hermanas. Debe de aclararse muy bien desde los púlpitos, en las aulas, en las salas de conferencias de nuestros colegios y universidades, en la prensa católica, en la manera en que votamos,que ser católico es ser incondicionalmente Pro vida".



Es un escándalo el que algunos prominentes políticos católicos voten a favor de proyectos que proveen fondos para el aborto o lo promueven de otro modo. Sus nombres deberían ser divulgados, ellos deben ser expuestos a la vergüenza pública y amonestados, para que cesen en el mal y regresen a Dios.



Votar por un candidato como éste es participar voluntariamente en sus acciones. Es un pecado que exige arrepentimiento.



Fuente: Publicado en inglés en el HLI Reports, abril de 1996 de Human Life International.
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Bendiciones.

Ave María Purísima , sin pecado concebida.